MUEREN LOS CHAMANES MEXICANOS

MUEREN LOS CHAMANES MEXICANOS


Hace 500 años los dioses se reunieron en Teotihuacan para crear el sexto sol, pero alguien estornudó y el ritual fue arruinado irremediablemente. Desde entonces los dioses abandonaron a los hombres, dejándolos a su suerte. Así, el destino de la humanidad fue suspendido en un limbo oscuro. Los hombres ya no recordaban cómo era el mundo cuando los dioses los miraban. Cayeron en el olvido, todos excepto una extirpe de hombres y mujeres portadores de fuego, aquellos a los que el olvido no alcanzó.


Posiblemente este párrafo sintetiza la historia del chamanismo en México, aquellos hombres y mujeres que aún recuerdan cómo sostener el fuego en la cima de sus montañas. El fuego, elemento organizador del universo de acuerdo con la cosmovisión mesoamericana, el generador de orden en la oscuridad del caos. De ahí la importancia de que se mantenga el fuego-orden encendido en los sitios sagrados, labor del chamán, mejor llamado hombre dios, para nombrarlo en castellano.


Son los hombres dios, aquellos que dedican sus vidas a conservar la tradición basada en el mito mesoamericano, los que recuerdan aún los cantos, los rezos, las danzas, la herbolaria, las celebraciones y los tiempos en que han de realizarse. Es verdad que han tenido que transformarse para sobrevivir, y que ha sido el mestizaje su mayor reto pero también la fuente de su renovación.


Es a través de las fiestas patronales y peregrinaciones como se mantienen vigentes muchos de los rituales precolombinos, comúnmente ligados al sacrificio y a la gratitud, los cuales se llevaban a cabo en épocas del año demarcadas por los tiempos que antecedían o continuaban