“Cuando regresamos a la Madre, al Padre; cuando regresamos a las Abuelas y Abuelos SIEMPRE ENCONTRAMOS ALIVIO”

 

Tuve la fortuna de crecer en la Selva. Despertar con el sonido de los animales, ir a la cocina e inhalar los aromas de la comida recién hecha con todo el amor mundo por mamá Coco (mi Abuela Maya: Socorro). Salía al patio donde el calorcito, las plantas medicinales y los árboles frutales me saludaban… después iba a la Capilla, su iglesita donde se respiraba misticismo, donde yo sabía que sucedía la magia, donde imágenes católicas muy viejitas me miraban, donde dialogaba con los Dioses.

Mamá Coco siempre bromeaba diciendo que cuando muriera nadie iba ir a su velorio, pues había una enorme mala fama sobre su carácter, ahora que lo pienso era un halo de profundo respeto mezclado con temor hacía su persona, todos sabían que no era alguien para bromear, puede ser que yo haya heredado algo de eso; aunque personalmente sólo recibí amor de ella.

Cuando murió no sólo yo lloraba desconsolado, el Mundo Maya estaba de luto, pues de todos los rincones de la península de Yucatán vinieron a rendirle honores a la Mujer Medicina que había tocado sus vidas; Tabasco, Quintana Roo, Chiapas, Yucatán, Iztapalapa y muchos otros lugares de nuestro país pasaron lista en Campeche, en algún momento de la madrugada ante los ríos de gente eso se convirtió en un pachangón, una fiesta de Gratitud.

  

Seguro sigo siendo ese niño que solo quiere llenarla de orgullo, que sepa que todo valió la pena, que su legado vive y vivirá por siempre. Desde ese lugar honrando la memoria de mis Ancestros comparto el siguiente material, siéntase libre de compartirlo con sus seres queridos.

K´uhul Ahaw

Sacerdote Maya

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